Somos independentistas y socialistas pero ¿qué postura tomamos frente al problema del Estado? ¿Puede existir un pueblo independiente sin Estado soberano? Y en cuanto socialistas, ¿qué clase de Estado queremos? ¿Podemos hacer abstracción no sólo de las diversas teorías al respecto sino sobre todo de la práctica histórica y muy especialmente de lo sucedido en el llamado "bloque socialista"? Respondiendo a todo ello: ¿podemos construir un Estado vasco en las condiciones capitalistas actuales? ¿No será que, como afirman algunos, la UE y la mundialización en curso lo han hecho anacrónico? Supongamos que es incluso más necesario y posible que hace dos décadas, entonces ¿cómo llegar al Estado vasco tendiendo en cuenta el contexto actual y sus tendencias fuertes? ¿Cómo debe ser ese Estado? ¿Qué atributos tendrá y cómo será sistema defensivo? Por último, ¿será eterno o queremos un Estado que desde su primer día e incluso antes genere las condiciones de su propia extinción histórica?
1.- Sin Estado no hay independencia
Antes de continuar tenemos que ponernos de acuerdo sobre qué es el Estado. Es el instrumento central de un poder para mantener su dominio en un territorio delimitado. Independientemente del poder que sea todo Estado tiene unos mínimos esenciales: territorio y población, hacienda y planificación económica propia, representatividad internacional, y defensa. Pueden variar y adquirir contornos estrambóticos, pueden añadirse otras características no esenciales aunque importantes según los casos, pero deben mantenerse o de lo contrario, faltando uno sólo, dejará de existir. Los Estados pueden tener muchas formas de gobierno interno, pueden ser republicanos o monárquicos, defender intereses justos, progresistas y revolucionarios o injustos, reaccionarios y contrarrevolucionarios. Pero los Estados surgen, son y están únicamente cuando hay conflictos clasistas, nacionales y de género estructurales; es decir, los Estados son instrumentos de poder cuando la sociedad está rota y en pugna interna por contradicciones antagónicas que sólo se resuelven en uno u otro sentido mediante represión o lucha.
La experiencia de nuestro Pueblo es concluyente: cuando ha tenido que defender su existencia, se ha dotado de Estado y ejército. Se pondrán las pegas y precisiones teóricas que se quiera a esa experiencia pero está ahí: los territorios liberados por las guerrillas vascas de Hegoalde en 1808-1814 cuando el Estado español no tenía ningún poder efectivo y amplias zonas vascas eran autogobernadas por poderes armados ante los que fracasaban las tropas napoleónicas. El Estado vasco de facto operativo en 1833-39, primera guerra carlista. El Estado vasco operativo en 1872-76, segunda guerra carlista y el Estado vasco operativo en 1936-37. Eran situaciones diferentes cada una de ella, pero por debajo de sus diferencias las sucesivas formas organizativas estatales y militares vascas expresaban una capacidad y decisión coherentes: dotarse de instrumentos imprescindibles para sobrevivir. Aún más, la reivindicación de un Estado independiente ha sido también el núcleo definidor del abertzalismo desde sus orígenes.
Nuestra experiencia no se contradice ni en lo positivo ni en lo negativo con la de otros procesos. Desde que existe la explotación y opresión, muchos colectivos humanos han pagado con sangre menospreciar la importancia del Estado, al margen de las formas que este adquiría en ese contexto histórico. Ello ha sido debido a que la cuestión del Estado es el nudo gordiano de toda intervención humana que se plantee asuntos de alguna importancia, sobre todo económicos, culturales y políticos. Alguien dijo que el Estado es la institución que monopoliza la violencia. Es una definición válida pero muy restrictiva porque el Estado es mucho más que eso y, para los pueblos que carecen de él, es una institución muy superior a eso. En vez de reflexionar en abstracto busquemos en el archivo teórico abertzale algo que nos ayude. Lo encontramos en el documento oficial de ETA -"Por qué estamos por un Estado Socialista Vasco"- aprobado en la primera parte de su VI Asamblea celebrada en agosto de 1973 en Hazparne.
No confundamos la VI Asamblea oficial con la primera e ilegal VI Asamblea celebrada tres en agosto de 1970 en Itsasu. La importancia del documento estriba en su carácter de texto oficial por aprobación en Asamblea y en lo que dice, quién y cuándo lo dice. Recordemos que ETA había salido hacía tres años de la escisión de Sexta y Células Rojas; que estaba al pil-pil el debate preescisionista entre el Frente Obrero y el Frente Militar; que en diciembre de ese año ejecutaría a Carrero Blanco acelerando el fin del franquismo; que se agudizaba la crisis socioeconómica del capitalismo al subir el precio del crudo en respuesta de la OPEP al imperialismo, agravando la crisis iniciada a finales de los 60; que proliferaban las guerras antiimperialistas y que la URSS y el bloque socialista aún no daban muestras públicas de agonía pre-morten.
Analizaremos el documento siendo conscientes de que fue redactado hace 23 años, pudiendo estudiar directamente los aciertos de la izquierda abertzale. Lo que constatamos, para seguir con el tema del monopolio de la violencia, es que ETA no plante la necesidad del Estado vasco desde ese punto de vista sino desde el de la construcción nacional y desde y para la total liberación de los trabajadores vascos, haciendo hincapié en dos cuestiones capitales: la reuskaldunización y la reunificación nacional. Y es que para los pueblos oprimidos el Estado propio es un instrumento imprescindible de supervivencia.